Un catálogo puede abrir una relación.
Un objeto de comunicación expresa una forma de mirar el producto y a las personas. Incluso cuando parece corriente.
Una secuencia de fotografías, una descripción, un precio. Son datos útiles. Pero la experiencia de hojear un catálogo también puede contar el sentido de lo que hace una empresa.
El objeto parte de una intención
La forma de una herramienta nunca es del todo neutra. El ritmo de las páginas, el espacio reservado a las imágenes, una palabra elegida con cuidado: todo sugiere cómo mirar lo que se presenta. Antes de diseñar, podemos preguntarnos qué relación queremos hacer posible.
Una creatividad que nace del contexto
Un catálogo puede abrirse como una mariposa: es una imagen de lo que ocurre cuando la forma nace de la identidad del producto. La intuición creativa revela algo que ya estaba ahí e invita a mirarlo de otra manera.
La forma responde de una promesa
Sorprender es solo una posibilidad. Hay proyectos que piden silencio, precisión o sencillez. La cuestión es la coherencia: ¿lo que una persona siente al mirar el objeto encuentra después respuesta al conocer la empresa? Esta pregunta también forma parte del trabajo de diseño.